Hay vida teatral después de la muerte


Por Marina Soto

HAMLET: O, I die, Horatio; (…) So tell him, with the occurrents, more and less, / Which have solicited. The rest is silence.

En el archifamoso monólogo “to be or not be” (ser o no ser, existir o no existir, estar o no estar…), Hamlet se plantea que el desconocimiento de lo que sucede tras la muerte es lo que nos vuelve cobardes. ¿Dormimos? ¿Soñamos? ¿Hay algo más allá? Hacia el final de la obra, las últimas palabras del príncipe son “the rest is silence”, generalmente traducidas como “el resto es silencio”, o alguna variación equivalente. Otra interpretación posible sería “el descanso es silencio”, concepto que nos permite pensar que la oposición vida/muerte tiene que ver con la existencia, la posibilidad del sonido, de la palabra. Acaso las cosas existen (son, están) porque las nombramos.

Por eso es importante que Horacio cuente la historia de Hamlet, que explique cuáles fueron los hechos que ocurrieron y que lo llevaron a su final, y a la tragedia del reino de Dinamarca. Por eso recordamos a nuestros muertos con historias, con anécdotas, con textos. Llenamos el silencio de la muerte con palabras, para extender un poco más esa vida que ya no está entre nosotros.


Así es el recorrido múltiple que propone el hermoso proyecto de Lautaro Vilo: una visita guiada por una necrópolis en la que el dramaturgista -en la oportunidad brillando también como actor, traductor, director- conecta las obras de Shakespeare con anécdotas que encubren las tumbas del Cementerio Británico, con la historia (inglesa, argentina, de la época isabelina, del desarrollo de nuestro país), con la actualidad. Se van uniendo así la vida del payaso inglés Frank Brown con la calavera de Yorick, un resumen de la obra escocesa con los sepulcros de cruces celtas, un comentario sobre la política actual desde el análisis de Lear. Todo ello de la confiable mano de Vilo, que además de ser todo un experto en la materia shakesperiana, resulta un excelente intérprete que pasa del comentario irónico y el chiste sutil, a ponerse en la piel de los más variados personajes para pronunciar sus monólogos. Siempre conectado con las profundas reflexiones sobre la vida y la muerte que nos dejó el inmenso Will. Por otra parte, vale remarcar que no hace falta tener conocimientos previos sobre la vasta obra del -en palabras de Ben Jonson- "dulce cisne de Avon", ya que el resumen de las piezas tan atinadamente elegidas es parte del tour.

Como soñado marco escenográfico, el recorrido permite dar una vuelta por el Cementerio Británico, pleno de verdor, perfumado por los pinos. Y de doble yapa, disfrutar de un vasito de Hesperidina (bebida oficial del Británico) al inicio, y de una copa de vino para cerrar con un brindis. Una buena manera de recordar a los que -sin ánimo de citar a la centenaria anfitriona de las mesazas- se fueron de gira.

“Shakespeare en el Cementerio” se pone en escena un sábado por mes, alrededor de las 18. El Cementerio Británico está escondido detrás del magnífico Parque Elcano, se puede llegar en subte, en tren y hay dos o tres colectivos que paran en la puerta. Conviene llevar abrigo si el clima está fresco para protegerse de la temperatura que baja (junto con) el sol. Otra protección recomendable es guardar una piedrita de turmalina o una hoja de laurel en el bolsillo (o una crucecita para los fieles de ese bando). Porque las brujas existen, y a veces vienen de a tres. Si lo descreen, pregúntenle a Macbeth.

"Shakespeare en el Cementerio". Cementerio Británico: Av Elcano 4568, CABA
Información, entradas y contacto por Instagram: @todosobreshakespeare