Un film iniciático donde detona radical violencia

Por Juan Carlos Fontana

Tres amigas en pos del pasaje a la adultez

La directora Laura Casabé y el guionista Benjamín Naishtat eligieron dos cuentos -El carrito y La Virgen de la Tosquera-, del libro de Mariana Enriquez Los peligros de fumar en la cama, para crear un atractivo "universo expandido" en esta coproducción entre Argentina, México y España. Con originales recursos propios desarrollaron un film de género, que refiere a la soledad, la adolescencia, el deseo sexual insatisfecho durante una de las constantes crisis socioeconómicas argentinas.

Dolores Oliverio, auténtica revelación

El terror que propone Casabé surge como consecuencia del medio ambiente hostil en el que se mueven sus personajes, telón de fondo de la ansiedad constante que afecta a Natalia, la protagonista, y a sus dos amigas, Josefina y Mariela, hermanas entre sí. Las tres chicas, recién salidas de la escuela secundaria, aspiran a consumar ese verano su primera relación sexual, y han elegido como objeto de deseo a uno de sus amigos, Diego. En particular, Natalia se va enamorando del muchacho que, por su lado se deja seducir por Silvia, un par de años mayor y ya experimentada en amoríos. Natalia, que vive con su abuela Rita porque ha sido abandona por sus padres, padece emociones siempre a punto de estallar. Y entonces, movida por la frustración y los celos, empieza a descubrir poderes que se ponen en tremenda evidencia hacia el final de este interesante e intranquilizador relato fílmico de cuidada estética visual e inspirado comentario musical.

La cineasta respeta sus propios tiempos narrativos, despegados de toda intención de perfilar psicológicamente a sus personajes. Esa actitud de manejarse sin apuro por imprimir un crescendo a la historia, por momentos podría llegar a impacientar a una parte del público. Pero sin duda le añade un carácter de extrañeza a la película que, con un sutil entramado, va tornando cada vez más desconcertante el devenir de la historia.

La Virgen..., ambientada durante la crisis de 2001 con sus cortes de luz, la pobreza extrema, los despidos de fábricas, la violencia callejera, la ausencia de compasión, ofrece un marco amenazador a los desplazamientos de estos personajes inmaduros y monocordes. Salvo, claro, por los exabruptos de Natalia, que pueden tener consecuencias terribles. Entre climas distendidos y ominosos, con el condimento de algunos trucos de magia negra, el relato adquiere aristas de un terror que emerge tanto de actitudes cotidianas enrarecidas como de la convocatoria de fuerzas del mal.

Luisa Merelas, estimable presencia mexicana, y Oliverio

Este film comienza con una escena que remite al primer cuento de Mariana Enriquez, El carrito: a partir de la acción de un linyera -que en cuclillas hace sus necesidades en plena calle- se desencadena una brutal violencia que tiene como escenario un barrio de casas bajas del conurbano bonaerense. Situación que contemplan desde una ventana Natalia y su abuela Rita, que abrirá el camino a una densa y enigmática atmósfera intimidante. Las reacciones arrebatadas, incluso atroces, cierta rabia que explota recuerdan a algunas de los tácticas empleadas por Benjamín Naishtat, con acertado efecto en su film Historia del miedo (2014). A su vez, Laura Casabé vuelve a desplegar esa constante sensación de perturbación, que ya había expuesto en su film Los que vuelven (2019), ambientado en una plantación de yerba mate, en Misiones.

La película, que ganó el Gran Premio del Jurado del Bafici, y que fue elegida entre las 20 mejores producciones en español de 2025 por la revista Hollywood Reporter, logra iluminar con méritos personales de su realización e interpretación -con la notable revelación de Dolores Oliverio encabezando- el traslado al cine de los antes citados cuentos de la prestigiosa escritora argentina.