Damiselas Nº 1, a modo de editorial

Allá por las postrimerías del año 2012 se publicó la primera edición de Damiselas en apuros, precedida del siguiente introito: 

Los peligros de Paulina, con Pearl White

Lo primero que hay que saber es que una damisela no es ni una dama ni una damita (dicho esto siguiendo las instrucciones de T.S. Eliot para saber diferenciar un gato de un perro). Una damisela es una mujer de cualquier edad y condición que no se toma demasiado en serio a sí misma, salvo que se trate de defender sus derechos y los de sus congéneres, además de ciertos principios con los cuales no transige. Ni transigirá desde estas páginas virtuales.

Por lo general, una damisela no se queda en moldes preestablecidos, se mete en bretes cuando la ocasión lo amerita y trata de superar dentro de lo posible los obstáculos, barreras, restricciones, trampas, rémoras, etcétera, con los que se topa en la vida de todos los días, en la calle, el laburo, el propio hogar, para no hablar de otros sitios aún más peligrosos...

Esta damisela siglo XXI, todavía en apuros, se considera heredera agradecida de cantidad de despabiladas damiselas en aprietos que en la vida y en el arte han sido. E incluso de aquellas que en los cuentos de hadas, las novelas góticas, los seriales cine mudo (que dieron origen a esta denominación, de la que nos estamos apropiando tan campantes) se las ingeniaron para salirse de trances altamente riesgosos. En particular, rendimos tributo a la aguerrida Pearl White, protagonista de la producción estadounidense Los peligros de Paulina (1914) que encarnó con gracia y convicción a aquella chica autónoma, aventurera y moderna, que prefería soslayar el casamiento para poder hacerle frente con coraje y creatividad a increíbles peripecias a través de 20 episodios. También homenajeamos a Musidora, la intérprete de la nocturna Irma Vep en el serial Vampires (1915), donde, enfundada en una malla negra, asumía la dirección de una misteriosa banda cuasi anarquista que cometía sus fechorías contra el orden burgués parisino, lo que le valió convertirse en musa de los surrealistas. 

Y aunque nos gustan algunas reinas del grito del género de terror, siempre preferiremos a las que chillan menos y hacen más, como, por caso, Sarah Connor en las distintas versiones de Terminator, Ripley en la saga Alien o Sookie Stackhouse en la serie True Blood, en todas sus temporadas. También bancamos a algunas heroínas del cine negro -siempre del otro lado de la ley, es verdad- por su inteligencia, independencia, determinación y sentido del humor. Femmes fatales que muchas veces pagaron con su vida tanto atrevimiento, pero a quienes en los ’90 les llegó la hora de la reivindicación con las villanas arrolladoras de Linda Fiorentino al frente, en La última seducción o Jade.

A las damiselas que hacen esta publicación nada de lo humano les es ajeno, ni siquiera los hombres, a los que pueden darles una mano de igual a igual si están en apuros. Y no solo eso: asimismo, aceptar encantadas su aporte siempre que se trate de varones de cabeza abierta, que sinceramente valoran a las mujeres y están a favor de su causa.

Damiselas en apuros, pero ambiciosas en cuanto al contenido y evolución de esta publicación, tratarán de abarcar mucho en materia de problemáticas de género, cultura y artes en general, cocina, ecología y varios etcéteras). Que nadie busque en estas páginas dietas para adelgazar, direcciones de cirujanos plásticos o imposiciones del último grito de la moda. Menos que menos, consejos para cazar maridos o convertirse en el ángel abnegado del hogar.

Al pensar posibles sumarios, personajes de damiselas rescatables del pasado y del presente empezaron a multiplicarse pidiendo, o más bien exigiendo pista. En consecuencia, se la estamos dando en esta primera edición, con el ánimo de seguirles abriendo de mil amores estas páginas.

La morocha Musidora en Les vampires